Cuaderno De Santi Santamaria….

 

 

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Después de una semana de viaje, donde he tenido la suerte de conocer la increíble Costa Amalfitana, y habiendo sufrido en directo la huelga de controladores Franceses, prefiero no hablar, puro caos total, me he acordado de este texto de Santi, donde su toque de humor,  hablaba de las comidas en los aviones….

 

COMER EN LOS AVIONES

 

images-2Apretados entre sillón y una mesilla plegada que soportará la bandeja del “menú a bordo”, nos encontramos volando. Esta dichosa mesilla será la causante de que, si tienes algún michelín, te encuentres encorsetado. Si viajas atravesando continentes en clase turista, recibirás el premio de una hinchazón de pies memorable, de modo que, si te has quitado los zapatos, ponértelos de nuevo será una odisea. Siempre te encuentras a gente dócil que puede considerar que tomarse un gin-tonic a más de diez mil metros de altura es algo por lo que estar agradecido. Son personas que seguramente encuentran placer en volar, pero para muchos volar no es necesariamente un placer, sino una obligación profesional. Ya se sabe, es la locura de los negocios, la histeria de vivir con la subida o la bajada de las acciones de Pizza Hut.

Para comer en un avión se necesita tener poco sueño y una dosis de apetito nada imagesdespreciable. En caso contrario, resistes con imaginación, soñando en la cocina del país que te aguarda, ya sea un ceviche peruano o una pizza napolitana, una ensalada griega de queso de cabra con aceitunas o un cuscús marroquí, un curry de Bombay o una langosta roja de nuestro maravilloso Mediterráneo, unos callos de casa Lucio, del castizo Madrid, o un arroz caldoso de la Barcelona de mi corazón. La verdad, antes que comer por comer, mejor es leer o dormir.

La dichosa bandejita de la comida, con sus recipientes filmados e higiénicamente presentados, es tan aburrida, que nos recuerda la imagen del No-do en blanco y negro que nos hacían tragar antes de las películas, con inauguraciones de pantanos y pesca de salmón. Hoy los ciudadanos vuelan más alto y con mayor frecuencia, y la alimentación que les proporciona la compañía de turno ha pasado todas las inspecciones sanitarias y images-1de calidad, menos la del placer gustativo. Las ensaladas “de avión ” tienen los componentes del país donde realizan las preparaciones. Van desde las patatas en Alemania al maíz de EE.UU., pasando por la ensalada mixta con chorizo y lomo embuchado de las compañías españolas; suelen ser pasables. Ahora bien, cuando se ofrecen comidas calientes, estas suelen ser productos descongelados, guisos de pollo con arroz o de pescado del Senegal con patatas, conservados bajo cero y resucitados mediante un sistema de vapores dentro del avión. Pero lo más terrible son los trocitos de tarta, empalagosos por su excesivo azúcar, y esas tristes macedonias medio oxidadas, de frutas que no maduraron porque no llegaron a ver el sol.

La amabilidad de las azafatas, sean novatas, veteranas de la casa o subcontratadas, images-3supera con creces la tristeza gustativa de tantos adelantos, fruto sin duda de una alimentación industrializada. Las azafatas suelen ser lo mejor de los aviones, auxiliares de vuelo que tienen la paciencia necesaria para soportar los ronquidos producto del cansancio y el alcohol, y los sudores y los terribles olores amostazados del avión. Las azafatas tienen tanta magia que no se les nota el sufrimiento producido por las impertinencias de determinados pasajeros.

Cuando se ha viajado en primera y el salmón ahumado o el caviar tienen la calidad media del Duty-free, el espacio es generoso y no terminas con una lumbalgia, y puedes escoger el menú a la carta, incluso el solomillo de ternera de a bordo te sabe a gloria.

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Se llega a la triste conclusión que cocinar exquisito para multitudes es un sueño galáctico, si bien es cierto que resulta chocante que hoy cueste más una comida en un restaurante gastronómico de París que volar de Barcelona a Nueva York

firma santi

 

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Acerca de Abel Valverde

Disfruto con mi trabajo, es mi pasión desde mi infancia , la hostelería es para mi una forma de vivir, tengo el honor de dirigir uno de los mejores establecimientos de este País, El restaurante Santceloni, creo que nunca es tarde y que lo bonito de nuestro oficio es que nunca dejas de aprender, siempre con afán de superación y haciendo lo que mas me gusta . Después de 6 años en can Fabes, nos lanzamos Oscar velasco , David Robledo y Yo, de la mano de Santi Santamaria en este proyecto, que a día de hoy continua mas vivo que nunca.. Saludos! * Algunas de las fotos de este blog son propiedad personal del autor, otras son extraídas de distintas fuentes, si alguien considerase vulnerados sus derechos de propiedad contacten con el autor. samarela@me.com
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